El Tiempo de Adviento, significado y origen.

Varios
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Adviento es el tiempo de espera y conversión, que comprende las 4 semanas que preceden a la Navidad, preparándonos para el Nacimiento del Niño Jesús.

 

El Tiempo de Adviento, significado y origen

1. Consideraciones previas

Es curioso cómo en los últimos tiempos la Navidad se anticipa cada vez más. Los centros comerciales, tanto de los países tradicionalmente católicos como los no católicos,  empiezan con su propaganda a contagiar del "espíritu navideño" cada vez más anticipadamente.  Los adornos, la música, los programas televisivos y el cine nos advierten que dentro de poco (aunque aún falten hasta tres meses) llegará la Navidad. Comienzan las ofertas y grandes gangas con aquello de "lléveselo hoy y páguelo después", con el único propósito de hacer que los empleados comiencen a gastar su aguinaldo antes de haberlo recibido. Todo esto hace que se despierten, entre el afán de vender, celebrar y consumir, sin referencia religiosa más que comercial, también algunos buenos sentimientos propios de la Navidad, como los deseos de paz y reconciliación, el deseo de compartir y unir a las familias. Pero, aunque perviven aquí algunos valores evangélicos, nos encontramos hasta aquí sin el verdadero sentido que le da la preparación religiosa y con unas celebraciones navideñas cada vez más descristianizadas. El comercio hace de Santa Claus el centro, dejando relegado al niño Jesús a un segundo plano. Las celebraciones navideñas anticipadas opacan al Adviento



Cristianamente nosotros debemos prepararnos para contrarrestar esa guerra del comercio y preparar como se debe, el nacimiento del Niño Jesús. Y hay un tiempo especial para ello, que nos va llevando, domingo a domingo, hacia la celebración de ese gran acontecimiento que partió la historia en dos, se llama Adviento

2. Origen y Significado

La palabra latina adventus (adviento) traduce el término griego parusía, que originalmente significaba presencia, llegada. En el ámbito religioso, designaba la manifestación poderosa de un dios a sus fieles, por medio de un milagro o de una ceremonia religiosa; en el ámbito civil, se usaba para referirse a la primera visita oficial a la corte de un personaje importante, como un embajador, o para la visita solmene de un emperador a una ciudad.

Muy sabiamente la Iglesia ha ido cristianizando algunas celebraciones paganas, sustituyéndolas por una cristiana. Así, entendió que si los pueblos deseaban inútilmente la cercanía de sus dioses, en Belén sí se dio el verdadero adviento, la parusía, la manifestación de Dios en el nacimiento del Niño Jesús. 

«Es conmovedor comprobar cómo ya la humanidad anterior a Cristo vivía anhelando la venida del verdadero Salvador [...]. Con los nombres de Adviento, Parusía, Epifanía y otros por el estilo, ofrecía la antigüedad pagana el cuerpo de palabras más apropiadas al milagro de la verdadera manifestación de Dios entre los cristianos, y la Iglesia no vaciló en llenar estos recipientes preparados por el paganismo, al cual guiaba la providencia de Dios, con la verdad que ansiaban» (Emiliana Löhr).

Por eso la Iglesia primitiva retoma la palabra Adventus (Adviento) para designar ese tiempo de preparación de la manifestación del verdadero Dios, el Dios cercano a los hombres, que se encarna en la historia, en nuestra historia, con el nacimiento de Jesús en Belén.

El adviento se convierte entre nosotros en el tiempo de espera de la navidad, con el que recordamos el nacimiento del Niño Jesús, anunciado por los profetas, pero con la mirada puesta en su segunda y definitiva venida, anunciada por el mismo Jesús.

“El adviento es un tiempo de preparación para la navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios… Es un tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos” (Misal Romano, Nº 39)

3. Evolución histórica del Adviento.

Muchas celebraciones litúrgicas han ido evolucionando o sufriendo algunos cambios en la forma de celebrarlo, tiempo o duraciones, entre otros cambios. El Adviento no es la excepción.

Antiguamente la Pascua era la única fiesta anual, con la que se esperaba el retorno glorioso de nuestro Señor, como él mismo lo había prometido. Fue hasta el siglo IV que se comenzó a vislumbrar el surgimiento de una nueva celebración, la del Adviento.  Ya el Concilio de Zaragoza, del año 380, habla de un tiempo preparatorio a la navidad, que iniciaba el 17 de diciembre y obligaba a los cristianos a asistir todos los días a las reuniones eclesiales hasta en día 6 de enero.

Aunque en estos años (siglo IV)  no se habla de una celebración como tal del Adviento, sí comienzan a preparar la Navidad o Nacimiento del Señor. Tampoco es una celebración universal ni el tiempo de duración era el mismo en todos los lugares donde se celebraba. Será progresivamente que va adquiriendo el sentido con que nosotros lo celebramos en nuestros tiempos.

En el siglo VI, cuando la liturgia romana asume el Adviento, ya había adquirido un paralelismo con la Cuaresma en su duración y contenidos. De hecho también había heredado el carácter penitencial de la Cuaresma incluyendo el ayuno, luego éste se sustituyó por la abstinencia, y, después del Concilio Vaticano II, esa práctica desapareció. Se pasó al uso del color morado, igual que en Cuaresma, se suprimió el canto del gloria y el aleluya, y otras prácticas más que hacían el Adviento una celebración similar a la Pascua.

Será san Gregorio Magno quien reduzca las celebraciones del Adviento, en Roma, a 4 semanas, pero será hasta el siglo XII que se impone definitivamente este uso breve, para recordar, con estas 4 semanas y según los cómputos de la época, los 4 mil años pasados entre la expulsión de Adán y Eva del Paraíso y el nacimiento de Cristo. Y para contrarrestarle el carácter penitencial, se volvió a introducir el canto del Aleluya, aunque se mantuvo la supresión del Gloria, tal como se acostumbra hasta hoy.

En nuestros tiempos, el Adviento comienza con las primeras vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba antes de las primeras vísperas de Navidad.

4. Contenido de las Lecturas del Adviento.

Durante 4 semanas la Iglesia nos va preparando, a través de la liturgia, para este gran acontecimiento, tan esperado por el pueblo de Israel, la venida del Mesías, y que para nosotros se convierte en la celebración de un recuerdo grato, y nos lleva a prepararnos para la segunda y definitiva venida de Cristo. Cada semana tiene su temática propia en sus lecturas bíblicas para la Misa:

  • I Semana: Invitación a la vigilancia
  • II Semana: El juicio del Señor.
  • III Semana: La alegría cristiana
  • IV Semana: La preparación de la Navidad.

La escucha atenta y la práctica de todo lo que las lecturas nos van enseñando durante cada día del Adviento, unido a la predicación de la Iglesia, es suficiente para prepararnos dignamente para la celebración cristiana de la Navidad, y que la celebración del Nacimiento de el Niño Jesús, en su primera venida, nos prepare y ayude a estar listos para el momento en que Cristo venga por segunda vez. Así como los profetas no sabían la fecha exacta del nacimiento del Mesías, pero confiaban y preparaban al pueblo para ese gran acontecimiento, tampoco nosotros sabemos exactamente cuándo ocurrirá la manifestación gloriosa de Cristo en su segunda venida, que será definitiva para nuestra salvación. Por lo tanto, el Adviento debe ser un recordatorio de la preparación permanente que todo cristiano debe ir realizando día a día, para cuando llegue ese momento tan ansiado por las primeras comunidades cristianas, y para nosotros en nuestros tiempos. 

 


Te recomendamos leer también:

0
Shares
0
Shares