Sábado de la XXXII Semana Tiempo Ordinario Año Impar

T. O. Año Impar
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Lecturas para el sábado de la 32ª Semana Tiempo Ordinario Año Impar...

Lecturas Sábado de la 32ª Semana de Tiempo Ordinario

Años impares

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 14-16; 19, 6-9

Un silencio sereno lo envolvía todo,
y, al mediar la noche su carrera,

tu palabra todopoderosa se abalanzó,
como paladín inexorable,

desde el trono real de los cielos
al país condenado;

llevaba la espada afilada tu orden terminante;
se detuvo y lo llenó todo de muerte;

pisaba la tierra y tocaba el cielo.

Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes,
cambió radicalmente de naturaleza,
para guardar incólumes a tus hijos.

Se vio la nube dando sombra al campamento,
la tierra firme emergiendo donde había antes agua,

el mar Rojo convertido en camino practicable
y el violento oleaje hecho una vega verde;

por allí pasaron, en formación compacta,
los que iban protegidos por tu mano,

presenciando prodigios asombrosos.

Retozaban como potros y triscaban como corderos,
alabándote a ti, Señor, su libertador.

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial: Salmo 104, 2-3. 36-37. 42-43 (R.:5a)

R. Recordad las maravillas que hizo el Señor.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y entre sus tribus nadie tropezaba. R.

Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a su siervo Abrahán,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:

—«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:

"Hazme justicia frente a mi adversario".

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:

"Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara"».

Y el Señor añadió:

—«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Palabra del Señor.