Homilía II Domingo de Pascua Ciclo B (8 de abril de 2018)

Ciclo B

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Homilía II Domingo de Pascua Ciclo B, 8 de abril de 2018...

 Homilía II Domingo de Pascua Ciclo B
8 de abril de 2018

 


Comentando las Lecturas de Hoy

A Jesús Resucitado se le encuentra en la Comunidad

En el Segundo Domingo de Pascua, o Domingo de la Divina Misericordia, la experiencia del Resucitado trae gozo y consuelo al grupo de los discípulos.

En un día como hoy, un domingo, el primer día de la semana, Jesús se presenta en medio de los discípulos. Describamos a esa comunidad de los discípulos, porque de ahí viene una gran lección que no debe pasar desapercibida para nosotros.



Del Evangelio que acabamos de escuchar fijemos nuestra atención en cuatro detalles:

  1. Estaban reunidos en una casa
  2. Estaban con las puertas cerradas
  3. Tenían miedo a los judíos
  4. Tomás no estaba con ellos.

El Evangelio comienza con el detalle de la "reunión". Estaban reunidos, eran una pequeña comunidad que se reunía; pero el temor, el desaliento y el dolor por la muerte de Jesús les llevaba a permanecer "encerrados", aislados porque "tenían miedo a los judíos". Ojo, porque cuando la experiencia de un Cristo resucitado no forma parte de una comunidad, el temor se apodera y hace que la comunidad se encierre en sí misma y vea enemigos por todas partes; que no se abra a la evangelización y no tome el riesgo de abrir las puertas al mundo para que puedan entrar en ella todos los que quieran conocer al resucitado. Una comunidad sin la experiencia de un Cristo vivo es una comunidad que no avanza, se estanca, se encierra.

Hay un alto riesgo de caer en esa realidad cuando la religión se vive desde la teoría y no se pasa a la vivencia de Cristo resucitado. Hay muchas predicaciones que suenan a pura "teoría" y no logran penetrar en el corazón de la comunidad porque se quedan solo ahí, en la "teoría", pero no llevan el peso de la predicación de aquellos apóstoles que anunciaban a Cristo habiendo sido ellos testigos de esa resurrección. A Cristo hay que experimentarlo primero para poderlo anunciar; hay que sentirlo vivo en nuestras vidas para poderlo compartir en comunidad. Hay que ser testigos de su resurrección, hay que encontrarse con él y recobrar la paz, perder el miedo y llenarse de gozo. Es que se nota cuando una comunidad se ha encontrado con Cristo, que lo ha experimentado: hay gozo, paz, alegría y se vive con una fe inquebrantable y avanza con fuerza, sin temor contra viento y marea. A una comunidad que vive de la experiencia del resucitado no la detiene nada ni nadie. Una comunidad que ha experimentado a un Cristo vivo avanza y crece más cada día.

Y hay algo más sobre esta pequeña comunidad de los discípulos: se reunían, aunque con temor, pero se reunían; se mantenían en comunidad. Porque solos no podremos sobrellevar el desaliento, el desconsuelo y el dolor. Si al encontrarnos con las dificultades nos aislamos y dejamos la comunidad, nos será difícil experimentar el poder de un Cristo vivo viniendo en nuestro auxilio. Es necesaria siempre la comunidad. Eso le sucedió a Tomás, no estaba con el grupo, con la comunidad cuando se les presentó el resucitado. Pero ahí viene la importancia de compartir esa experiencia con los que se alejan o nunca han estado en la comunidad. Los discípulos compartieron esa experiencia con Tomás y éste, a pesar de su incredulidad, no se cerró al encuentro con el Cristo vivo. Por eso estaba ahí el siguiente domingo, reunido, en comunidad, y ahí pudo vivir también él la experiencia de los demás discípulos. 

Hay mucha gente que se nos ha ido de la Iglesia, por la razón que sea, pero se ha retirado de nuestras comunidades. Si nos hemos encontrado con Cristo, estamos llamados a ir a buscarlas y traer a ese "Tomás", para que sienta en su corazón el poder del resucitado. Hay mucha gente que quiere vivir una relación vertical: Cristo y yo, yo y Cristo, y se les olvida mirar hacia los lados, a sus hermanos, a una comunidad.  Hay muchos hermanos que prefieren ver la misa por televisión o escucharla por la radio y no reunirse en una comunidad, no asistir a la Iglesia. Si queremos realmente experimentar el poder del resucitado debemos incorporarnos a esta Iglesia que es testigo desde hace más de dos mil años de ese Cristo que no se quedó en el sepulcro sino que se levantó y camina en medio de nosotros.

Vamos! Somos Iglesia! Somos comunidad! Somos testigos de un Cristo vivo!

 


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