Clase 2-3: Los Enemigos de la Comunidad

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 Los Enemigos de la Comunidad: Una advertencia sobre las estrategias de Satanás para destruir la obra de Dios y los frutos en una comunidad...

Clase 2-3: Los Enemigos de la Comunidad


META: Mostrar cuáles son los factores de división a una comunidad carismática.

En las clases anteriores vimos cómo a través de la amistad, de la unión y del amor con nuestros hermanos en la fe, o sea a través de la comunidad, es como Dios puede guiarnos como a un pueblo, y es también como mejor podemos servirle y dar testimonio al mundo del amor de Dios.

Vivir en comunidad es muy bonito; amarnos y vivir como hermanos es maravilloso. Cuando una comunidad vive unida y sus miembros  se apoyan entre sí, se ayudan unos a otros y viven realmente en armonía, hermandad y paz, eso es una bendición enorme de Dios y da gusto estar ahí y formar parte de esa gran familia. De los primeros cristianos, los paganos podían exclamar "Miren cómo se aman". Lograr eso en una comunidad actual resulta utópico, pero se puede conseguir; de hecho existen comunidades carismáticas que son el vivo testimonio del amor de Dios vivido entre hermanos.

Pero somos conscientes y sabedores de que ahí donde el Espíritu Santo está dando frutos de unidad, amor, fraternidad y paz, el enemigo (Satanás) también trabaja muy fuerte porque no le agradan ese tipo de comunidades, por eso trata por todos los medios de entorpecer o destruir la obra de Dios. 

Y la estrategia más usada por Satanás es la división. Jesús ya lo había advertido: "Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir " (Mt 12, 25). "Divide y vencerás" es una estrategia 

Si Satanás puede lograr la división interna en una comunidad, ésta se destruye sola, y no le es muy difícil de lograr, ya que él se vale de las debilidades humanas como son: hablar a la ligera, juzgar, dejarnos llevar por los chismes, hacer caso de murmuraciones, entre otras.

Debemos ser conscientes, pues, de cuáles son esos instrumentos de división de nuestro adversario, para no hacernos cómplices, por ignorancia, de sus planes destructivos, y contribuir a la división en la comunidad.

Revisemos cuales son algunos de estos instrumentos de división, y recapacitemos en la forma en que se presentan, y el daño que nos hacen:

A) Las Críticas

¿Quién se salva de las críticas? Nadie!. Hasta el mismo Jesús fue blanco de las críticas por parte de sus adversarios. Es a través de éstas, que las personas, en lugar de fijarse en Jesús, se detienen a fijarse en las personas como humanos. Casi siempre, esta crítica se hace secretamente, dando lugar a las MURMURACIONES. No sólo se causa daño a las personas que escucharon, sino que además la persona criticada no se entera (al menos directamente) de la causa o motivo de esa crítica, con lo cual se le hace daño, ya que no podrá corregir su error (o lo hará demasiado tarde), además de que habremos ya predispuesto en su contra a aquellas que nos han oído esas críticas, y que posiblemente nunca tengan oportunidad de conocer el fondo de lo que están criticando.

Debemos parar las murmuraciones y las críticas, ya que estas son como el cemento que construyen las paredes que nos dividen; los chismes y murmuraciones rompen las relaciones entre hermanos, y una buena forma de no permitir que esto suceda es no haciéndonos cómplices escuchándolos o propiciándolos, más bien, si un hermano ha cometido alguna falta (contra ti, contra otro, o con la comunidad) debemos seguir el procedimiento que el mismo Jesús nos dejó ya marcado:

"Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano." ( Mt, 18, 16-18)

A ver si entendimos, el proceso consta de solo 4. Revisemos los primeros tres:

  1. Hablar con el hermano a solas
  2. Si no nos hace caso, llamar a uno o dos testigos más.
  3. Si aún así desoye, contarlo a toda la comunidad.

Tomamos estos tres pasos porque en nuestras comunidades suele darse el caso de que sí cumplimos todo hasta ahí, pero al revéz: Primero regamos todo el chisme a la comunidad;  cuando ya vimos complicada la situación para el hermano que cometió el error, buscamos hablar con uno o dos hermanos de confianza para buscar una salida o solución al problema; y, por último, hablamos con el hermano en cuestión, cuando ya el escándalo es enorme y hemos creado en el hermano un resentimiento tal que ya resulta complicado solucionar el problema. Lo hacemos a nuestro estilo, y ahí es donde radica la dificultad.

Debemos orar por los hermanos nuestros que cometen alguna falla, seguir el procedimiento indicado por Jesús, actuar con amor y no perderlo por la crítica.

B) Las mentiras  y falsos testeminios

A través de las mentiras, las exageraciones, las adulteraciones, etc., se reciben daños muy grandes en una comunidad, ya que degeneran en difamaciones y falsos testimonios. (Zac. 8:16-17). El exagerar una verdad, puede ser tan perjudicial como el mentir, sobre todo cuando esto causa un daño directo a algún hermano.

Santiago 3,2 nos dice que si controlamos nuestra lengua seremos capaces de controlarnos totalmente y en 3, 5-10 habla de cómo pecamos con la lengua y de cómo ésta, aun siendo tan pequeña, puede hacer mucho daño; por lo tanto, si conocemos el daño que podemos hacer hablando de mas, hablando mal, o mintiendo, no nos prestemos a la división que por nuestra boca podemos originar y más bien tratemos de que nuestra vida sea LUZ, y esta luz consiste en caminar en toda verdad (I Jn. 2:9-11) y en amor a los hermanos aunque en ocasiones nos sea muy difícil, (nunca imposible). Es hablar y actuar siempre con la verdad. (Ef. 4:25).

C) El juzgar a los demás

Puede encerrar soberbia o envidia y cuando juzgamos a una persona, nos sentimos superiores a ella. También, la mayoría de las veces, los juicios se hacen muy a la ligera, sin conocer a fondo a la persona c las causas de su actitud, por eso con la idea que nos hemos formado de una persona a través de un juicio, nos cerramos a recibir cualquier gracia que Dios nos manda a través de esta persona, de manera que no encontraremos nada bueno en ella y solamente veremos todo lo malo. Muchas veces hacemos un juicio de alguna persona, y no nos damos cuenta de que hacemos lo mismo que estamos juzgando y que Dios, nos juzgará con la misma severidad con que nosotros juzguemos al hermano. (Mt. 7:1-5) (Rom. 14:10-13) (Rom. 2:1).

Aceptando a nuestros hermanos COMO ESTAN, es decir, pensando que el Señor los cambiará y mejorará después, abrimos el canal del amor de Cristo y ponemos en nuestro corazón la seguridad de que nuestro hermano está transformándose por el poder de Dios.

C) El rencor o los resentimientos

Son causas, en ocasiones, de que nuestras asambleas o reuniones de oración se sientan a veces frías y áridas, ya que si cada uno de nosotros guarda un pequeño rencor o un resentimiento hacia algún hermano, nuestra ofrenda de alabanza no puede ser sincera y limpia, porque el Cuerpo está dañado en varios de sus miembros. En otras ocasiones nos quedamos esperando que, aun y cuando nosotros tengamos la culpa, sea nuestro hermano el que venga primero a pedirnos perdón y recurrimos al "orgullo propio" sin acordarnos de que Dios tomó la iniciativa de perdonarnos, mucho antes de que se lo pidiéramos y de que al rezar el "Padre Nuestro" nos comprometemos a perdonar, para que El nos perdone. (Mt. 6:12).

Otra causa del rencor es que a veces hemos perdonado de palabra, pero en nuestra mente, seguimos recordando las causas de la ofensa. Una forma de no guardar rencor, es mantenernos en comunión con la fuente del perdón y del amor, Dios Padre, y estar dispuestos, con firme voluntad, a perdonar a todos los que nos ofendan o lastimen, sin poner condiciones o limites a ese perdón, y al perdonar, OLVIDAR, como Dios olvida nuestros pecados y no nos lo recrimina  (Mt. 18,21-22).

D) No darnos a los hermanos

No sacrificarnos por nuestros hermanos, no servirles, no prestarles ayuda o ser ayudados, separarnos por grupos, todo esto, en la vida de comunidad, representa división, ya que la comunidad funciona como un cuerpo en el que todos los miembros son necesarios y todos tienen un servicio especial y se ayudan unos a otros. Cuando un miembro no trabaja, los demás tendrán que suplir, en cuanto esté a su alcance, o sufrir la falta de este miembro.

Estamos llamados a ser uno, como el Padre y Jesús son uno (Jn. 17:21) y esto significa que debemos complementarnos unos a otros, y esto solo se logrará por medio del Amor de Dios derramándose en los corazones de todos sus hijos para que todos como hermanos no vivamos para nosotros mismos sino para los demás.

Podemos resumir, que todo aquello que cause división dentro de una comunidad Cristiana, deberá ser quitado a tiempo, es como un cáncer, que si se detecta a tiempo y se trata, ya no tendrá peligro, pero si se ignora o no se critica es mortal.

Así pues los juicios, críticas, chismes, murmuraciones, etc., considerémoslas como armas de destrucción y división muy peligrosas. Con nuestro ejemplo, debemos mostrar a los demás cual es el mejor medio de desechar estos daños, siempre por medio del Amor. Dispuestos al perdón, aceptando al hermano como ésta llegaremos a la perfecta unión en Cristo.


TAREA: Proponernos no participar en criticas durante esta semana.
CITA LEMA: "No juzgueis y no sereis juzgados (Mt. 7,1)

 

 

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